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Compartir con amigos aumenta la Felicidad

 

 

Hacer amigos es fundamental en la vida las personas, ya con un buen camino recorrido y muchas experiencia para compartir debes contar con compañeros que y escuchen tus experiencia y  hacer de estos recuerdos los más gratos de la vida.

Según un estudio publicado en la revista Psychosomatic Medicine, la percepción del dolor se reduce cuando una persona a la que consideramos cercana está físicamente presente, por lo tanto, es mejor ponerte una inyección o curarte una herida delante de un amigo.

Contar con un amigo alarga la vida. Tras realizar un seguimiento a 1.500 personas durante una década, científicos australianos llegaron a la conclusión de que en las personas con un amplio círculo de amigos el riesgo de fallecer se reduce un 22%. “Estar conectados con otros es esencial para vivir más años”, concluyeron los investigadores en la revista Journal of Epidemiology and Community Health.

Compartir con un alguien también aporta satisfacción plena. Las personas que tienen actitud positiva se ha comprobado que producen un efecto muy positivo en el  bienestar emocional de los otros.

Brinda apoyo emocional y seguridad en los momentos más difíciles. Las amistades son una influencia muy positiva en nuestro estado de ánimo, nos ayudan a alejarnos de nuestras preocupaciones y a sentirnos en un ámbito más contenido.

Favorece la integración social.  La verdadera felicidad surge del equilibrio de los instantes de soledad y de los espacios compartidos en la compañía de un buen amigo, que te ayuda a formar parte de grupos más grandes.

Recuerda, no se trata de agregar años a la vida, sino vida a los años y con un amigo la vida se disfruta mucho más.

Fuente: www.centrodeladultomayor.com

Consejos para una nutrición adecuada en la tercera edad

Estos son algunos consejos de cara a que la alimentación durante la tercera edad sea la adecuada y se cubran las necesidades nutricionales de una persona mayor de 65 años:

  • Hacer una lista de la compra con los alimentos que se van a comer en la semana.
  • Las comidas deben ser ligeras, sencillas y de fácil preparación.
  • Los alimentos deben tener una presencia agradable a la vista para que inciten a comer.
  • Fraccionar las comidas en cuatro o cinco veces al día, y no prescindir nunca del desayuno.
  • Es aconsejable beber líquidos entre comidas (zumos, batidos...), y suficiente agua para mantenerse hidratado, especialmente en épocas de calor.
  • Los alimentos deben ser fáciles de masticar y deglutir.
  • Es aconsejable no abusar del consumo de café y bebidas excitantes, al igual que de licores y bebidas azucaradas.
  • Aumentar el consumo de alimentos que contengan fibra (legumbres, verduras, hortalizas, etcétera), y alimentos integrales.
  • El ambiente a la hora de comer deberá ser relajado y armonioso. Se puede invitar a alguien a comer de vez en cuando para hacerlo más agradable.
  • No abusar de la sal ni el azúcar. Para evitar que las comidas resulten insípidas, se pueden añadir especias como romero, pimienta, tomillo, orégano… También se pueden emplear edulcorantes artificiales para preparar dulces y postres caseros, porque con la edad se incrementa la intolerancia a la glucosa y hay que restringir el azúcar.
  • Escoger alimentos con un aporte calórico algo menor porque la actividad física es más reducida.
  • Cocinar con aceite de oliva preferentemente y, en vez de freír los alimentos, prepararlos mejor al vapor o al horno. Un exceso de grasas puede elevar los niveles de colesterol y provocar sobrepeso u obesidad.
  • Es importante tomar leche y productos lácteos, como yogures o queso, para cubrir las necesidades de calcio.
  • Hay que mantener en todo lo posible los gustos y hábitos personales para evitar caer en la inapetencia.

Fuente :http://www.webconsultas.com

¿Nuestro miedo al envejecimiento comienza antes?

 

“El envejecimiento es una mezcla de ganancias y pérdidas” sin embargo, hoy en día, la rica y multifacética experiencia de envejecer ha sido patologizada y reducida a la vergüenza de parecer vieja y sentirse una miseria.

Por supuesto, el miedo al envejecimiento no es un fenómeno reciente, los métodos de “rejuvenecimiento o anti-aging” se remontan a Platón, mientras que la idea de la “Fuente de la Juventud” se popularizó en la época de Alejandro Magno. Lo que es diferente en esta época es que esta ansiedad se vive tristemente/dramáticamente desde bien temprano. Las mujeres hacia los 27 años empiezan la guerra contra lo inevitable lanzadas al Botox.

Scarlett Johansson admitió que empezó a usar productos antienvejecimiento a los 20 años. Ahora hay tantos adolescentes recibiendo inyecciones de Botox que en Reino Unido ya le pusieron nombre al fenómeno: “Teen Toxing”.

En la publicidad se empeñan en lanzar mensajes claramente edadistas. Nos dicen constantemente que 60 son los nuevos 40 pero en esa aceleración miedica por envejecer podríamos decir que los 40 son realmente los 25.

Esto es más o menos cuando ocurre un cambio mayor. Los niños y los adolescentes anhelan hacerse mayores para adquirir mayores rangos de libertad y los privilegios que vienen con el envejecimiento. ¡Por fin tengo los 18! 

Pero ¿qué es lo que ha provocado que esta “juventud” sienta ansiedad por un fenómeno tan natural? La industria cosmética, a través de su marketing, ha desempeñado este papel. Los clientes ahora están segmentados por edad, y el mercado anti-envejecimiento, con nuevos productos para la piel “madura” para los primeros signos de envejecimiento pero también para preadolescentes.

El miedo maximiza los beneficios. Vivimos vidas más largas y saludables que cualquier generación anterior, pero, curiosamente, preocupándonos por el envejecimiento desde bien jóvenes. Lo que vamos a vivir es eternamente preocupados.

El sociólogo Mike Featherstone habló de una “pornografía de la vejez”, un exuberante disgusto por la vieja carne. Esa tiranía también está afectando al género masculino. Todo lo que se decía que los hombres mayores lucen las canas o las arrugas con distinción parece pasado. El mercado necesita nuevos consumidores y al igual que con las mujeres se lanzan sin piedad. Los cirujanos cosméticos reportan un aumento en los procedimientos solicitados por hombres para no ser despedidos de sus trabajos o aquellos que temen la competencia de los hombres más jóvenes.

La polarización de viejos y jóvenes descansa sobre una falacia: que todos los jóvenes poseen la piel perfecta y el pelo brillante, tienen sexo sin parar, vibran de energía y nunca están solos.

La denigración de la edad se basa en la idealización de la juventud, y ambas violan la realidad. Ser joven rara vez es tan maravilloso, ni por viejo miserable. Sabemos por experiencia que no somos siempre felices, dinámicos y hermosos cuando somos jóvenes, así que ¿por qué creemos que estos atributos se invierten inmediatamente cuando alcanzamos los 40 o 50?

 

Tomado de www.qmayor.com 

La Vejez una buena etapa

 

 
Es importante desechar la idea de que ciertas cualidades y emociones son propias y exclusivas de la gente joven. Es sumamente común escuchar frases como “soy mayor, pero de espíritu joven” o “me siento feliz como si tuviera 20 años”. En cambio, es sano pensar que la felicidad, la alegría y el entusiasmo pueden experimentarse y se experimentan a cualquier edad, sólo hay que decidirse a vivir estas emociones con plenitud.
Para nadie es desconocido que la vejez conlleva  limitaciones, que las hay sin duda. No obstante, para muchos, esta etapa puede ser sinónimo de libertad:
  • Es la etapa en la que ya no hay que complacer a nadie.
  • Es el tiempo de comprobar los afectos definitivos.
  • Ya no hay espacio para las relaciones impuestas o por conveniencia.
  • Los horarios ya son relativos.
  • Se está libre de conflictos sexuales, de luchas y competencias.
Puede entonces volcarse la mirada hacia adentro para explorar el mundo interior sin distracciones y agradecer tanta riqueza y oportunidades. Y con esa paz silenciosa, emprender una rutina colmada de lujos.
Cuando tomamos la decisión de llegar a la vejez con una vida plena hasta el último aliento de vida, podríamos llegar a  transmitir una imagen de vejez que sea envidiada y deseada.
 
Fuente: http://paraeladultomayor.blogspot.com.co/

7 cosas que nunca deberías decir a la familia de un paciente con Alzheimer

 

 

Ahora que comparto mi tiempo de trabajo con familias y personas con Alzheimer, cada vez tengo más claro que hay momentos  en los que la gente no sabe qué decirles. He perdido la cuenta de tantas veces que ha ocurrido, y los comentarios son siempre idénticos. Algunas veces, esas personas medio desconocidas recurren a topicazos, por eso de mostrar interés, y todo acaba siendo tan incómodo como las conversaciones de ascensor con tu vecino del séptimo. En otras ocasiones, la gente que nunca ha conocido a una persona con demencia simplemente no tiene ni idea.

No te alarmes. Respira hondo y trata de pensar en esto: no es su culpa, lo que pasa es que nunca han pasado por ello.

Tanto si eres el vecino del séptimo como si hace tiempo que no llamas a tu amigo por navidad y te has encontrado con que ahora vive con el Alzheimer, considera esto como unos pequeños consejos que te ayudarán a acercarte a esta enfermedad sin hacer pasar por un mal trago a su familia. Vivir con un familiar al que le han diagnosticado Alzheimer no es fácil, sin embargo, tú puedes hacerlo más llevadero. Algunas veces son preguntas de lo más molestas, quizá afirmaciones, pero recuerda: nada de esto ha de salir por tu boca si tienes en frente a un familiar de una persona con Alzheimer.

1. “¿Te conoce?”

¿Tú qué crees? Solo tiene una enfermedad degenerativa que afecta a la memoria y puede producir un deterioro de su vida muy grave. Debes saber que sí suelen recordar cómo se sienten cuando ven el rostro de una persona que les quiere. Puede que hoy recuerden que soy su hija, pero mañana me confunda con su hermana. Esta es la pregunta del millón más sonada. No hace falta que preguntes; la respuesta siempre va a ser la misma. 

2. “Dime si puedo hacer algo por ti”

Claro que sí. Con una persona con Alzheimer en casa, mi energía no rebosa para acordarme de quién me dijo “pídeme lo que necesites”. Mi capacidad mental es casi nula. Mejor puedes preguntarme: ¿Quieres que mañana os lleve la comida? o ¿Quieres que me quede el jueves por la tarde con él/ella y te tomas un respiro? ¡Milagroooo! Se han ofrecido a ayudarme. No le digas que te llame si necesita algo, simplemente ve al grano y concreta tus acciones.

3. “¿Qué tal tu familia?”

Fenomenal. El 99% de los días vivo en una casa donde todo son horarios, medicamentos, puertas cerradas a cal y canto, lloros y estrés. No podría estar mejor. De hecho, quizás la semana que viene nos vayamos a Marina d´Or; se nos ha antojado. Más bien, te sugiero que comentes algo así: “Tu familia está haciendo un gran esfuerzo para adaptarse a esta situación. Dime una sola cosa que pueda hacer por ti para que tengas un poco más de tiempo”. 

4. “Sigue siendo el mismo”

Claaaro… La enfermedad apenas le ha cambiado. Debes hacerte a la idea de que aquella persona que conocías ya no existe o está muy lejos de parecerse. Puede que queden algunos esbozos pero, es más fácil tratar de aceptarlo e intentar darle todo el cariño que puedas. Pixar debería añadir unos créditos a Inside Out para recordar que dentro de la mentalidad de sinsentidos del paciente con Alzheimer sigue estando una persona, como cualquier otra, necesitada de todo el amor del mundo. ¿Te gusta esta forma de pensar? Es la última moda, sobre todo entre los familiares de personas con Alzheimer.

5. Ese típico comentario cuando tu familiar tiene una idea delirante y tú único objetivo es tranquilizarle y mantener la calma. “Qué gracioso, me resulta de lo más tierno, parece una niña pequeña”.

¿Acaso te he pedido tu opinión? Es probable que sepa qué necesita mi familiar en este momento. Solo estás contribuyendo a que mi paciencia se consuma, no he pegado ojo en cuatro días y, sinceramente, tu opinión es lo último que me interesa ahora mismo. ¿De verdad quieres ayudarme? Actúa con normalidad, como si nada estuviese pasando y yo me encargaré del resto.

6. “¿Por qué no te lo traes a tomar un café?”

Intenta comprender que salir con una persona con Alzheimer de casa, en ocasiones, puede ser tan intenso como un viaje en la montaña rusa. Además, los que no tienen ni idea siempre quieren hacer preguntas a la persona con Alzheimer, lo que hace que se sientan ansiosos y sin control sobre la situación. Por cierto, a las personas con Alzheimer les inquietan los ambientes con demasiado ruido, demasiadas personas y…preguntas cuyas respuestas no son capaces de recordar. Así que, gracias por la oferta, pero saldré a tomar un café con él/ella cuando y donde considere oportuno.

7. “El tiempo lo cura todo”

¿Me estás tomando el pelo? Aceptamos las diferencias en la percepción del tiempo pero lamentamos informarte de que estás equivocado: el tiempo no lo cura todo. Suele ser más bien al contrario, cada minuto cuenta, empeora la situación, aunque a veces no nos demos cuenta en el día a día. Ten presente que lo que creas que no puede pasar hoy, puede pasar mañana. De ahí el apellido de la enfermedad, “degenerativa”. Así que te invitamos a percibir el tiempo desde la piel de un familiar que cuida a una persona con Alzheimer.

Nuria Carcavilla

 

 

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